miércoles, 13 de noviembre de 2013

Yo acuso

Carta abierta a los ciudadanos de la República de Chile

Estimados ciudadanos:

Me permito distraer su atención para denunciar un doloroso despojo que se viene produciendo en forma ininterrumpida en contra de casi todos los chilenos, en especial de los más pobres, desde hace ya 30 años.

Al hacerlo, no me anima motivación política alguna. Soy absolutamente independiente. No milito en partido político alguno y jamás he desempeñado cargos públicos. Sólo es la indignación lo que me lleva a exponer esto. Soy un ciudadano hastiado, aburrido, de ser víctima de un abuso tan burdo, que lleva ya tres décadas consumándose, y que lo seguirá haciendo, según parece, durante los próximos cuatro años.

Me refiero al gigantesco subsidio que el Estado chileno entrega, desde 1984, a todas las empresas que operan en el país, al eximirlas del pago de impuesto a la renta con el propósito de que utilicen los tributos que están obligadas a enterar en arcas fiscales (el impuesto de primera categoría), para pagar los impuestos personales de sus propietarios.

Cualquier análisis objetivo de la realidad nacional concluirá que son las empresas quienes mayor uso hacen de la infraestructura estatal y de los servicios que ella otorga (piensen, si no, de dónde provienen las demandas que abarrotan los juzgados civiles; o en la actividad que desarrollan los cinco ministerios sectoriales y el nutrido stock de superintendencias de que disponemos), y quienes mayor provecho económico sacan del normal funcionamiento de la sociedad-país. Las empresas no pueden existir sin sociedades-países que las acojan (imaginen un Banco en medio de los Campos de Hielo o en la inmensa soledad del desierto de Atacama), y les resulta imprescindible que éstas funcionen bien, ya que en caso contrario su rentabilidad se ve seriamente comprometida.

Por esta razón, deberían aportar a su financiamiento. Es de toda justicia que quienes consumen servicios, de cualquier índole, contribuyan a financiarlos. Por el contrario, es tremendamente injusto que no lo hagan, como ocurre hoy en Chile. Y nada mejor que las cifras duras (que, como tales, son tercas e incontestables) para comprobarlo.

Observen, por favor, la tabla siguiente, elaborada con cifras extraídas de la página web del SII  el día 10 del presente, y con datos entregados por el mismo servicio bajo el amparo de la ley de transparencia:

PARTICIPACIÓN SOBRE RECAUDACIÓN TRIBUTARIA TOTAL (%)
CONCEPTO
2011
2012
IVA

Impuesto a la renta
-1ª categoría

-Global complementario

-Crédito 1ª categoría

-Pago integrado real

45,2

42,8
19,4

-0,5

3,1

2,6
45,8

41,8
25,4

-0,6

3,5

2,9

Traduzcamos las cifras a lenguaje cotidiano. Del total de la recaudación tributaria (que, como ustedes saben, es la mayor fuente de financiamiento fiscal), el IVA representó en los dos últimos años poco más del 45%. El impuesto a la renta, algo menos; alrededor de un 42%. El impuesto de 1ª categoría que pagan las empresas, representó sólo un 19,4% el 2011 y subió a un 25,4% el 2012.

Sin embargo, como este impuesto es sólo un anticipo de los impuestos personales de los empresarios, lo que realmente pagaron en impuestos  éstos y sus empresas, es la suma del crédito de primera categoría y el global complementario, vale decir, el pago integrado real: 2,6% el 2011 y 2,9% el 2012. El resto de la recaudación por concepto de 1ª categoría queda, como ustedes saben, reflejado en el FUT, como anticipo de impuestos personales para cuando los empresarios decidan retirar sus utilidades.

Estimados ciudadanos: ésa es la vergonzosa realidad tributaria de nuestro país. La recaudación por concepto de impuesto a la renta entre empresarios y empresas representó sólo un 2,6% por ciento del total el 2011, y sólo un 2,9% el 2012. Yo acuso, por medio de esta columna, que las empresas chilenas y sus propietarios, que usan a destajo los servicios estatales, financian menos de un 3% de su costo anual. ¿Les parece un despojo? Pues claro que sí. Eso es, exactamente.

¿Y de dónde proviene esta vergüenza? De la modificación que, en 1984, efectuó Pinochet al sistema de impuesto a la renta. Aduciendo que había que corregir la “doble tributación” existente e incentivar la reinversión en las empresas, lo reemplazó por el que, con cambios menores, sigue vigente hasta hoy (que es el que provoca esas irrisorias cifras).

Pues bien, yo acuso a todos quienes plantean que el sistema vigente favorece la reinversión, de faltar a la verdad. ¿Por qué? Porque las empresas siguen, tal como lo hacían antes de 1984, tributando en primera categoría, de manera que no han dispuesto de ningún peso extra para reinvertir. ¿Cómo puede usted favorecer la reinversión si las empresas, que son quienes reinvierten, ponen en manos del Fisco la totalidad del impuesto de primera categoría?

Acuso también a todos quienes plantean que el sistema vigente evita la doble tributación, de faltar a la verdad. Tal afirmación nace de una enorme falacia, de una rueda de carreta de tamaño XL que nos han obligado a tragar durante estos 30 años: que las empresas son lo mismo que los empresarios (sólo puede existir doble tributación cuando un sujeto específico se ve obligado a tributar dos veces por la misma renta).

Ustedes, estimados ciudadanos, pueden revisar la literatura administrativa completa: cientos de libros especializados, decenas de autores; y en ninguno, pero en ninguno, encontrarán tan infame especie. Más aún: todos los autores, taxativamente, plantean en sus obras que empresa y empresario son sujetos distintos.

Pueden revisar además toda nuestra normativa (Constitución, Código Civil, Código de Comercio, etc.) y no encontrarán ninguna, pero ninguna, disposición donde se establezca que personas naturales y empresas son lo mismo, menos aún si éstas últimas poseen, como la inmensa mayoría de las grandes empresas, personalidad jurídica.

¿En qué manual habrán aprendido estos señores que empresas y empresarios son lo mismo? ¿Qué facultad de administración se los enseñó? Es urgente averiguarlo, para mandarla a un proceso de reacreditación inmediato.

Y si los argumentos que justifican esta barbarie son falacias, ¿en qué se basaron los autores del sistema para crearlo? ¿Y sus defensores, para mantenerlo? ¿Y para impedir su modificación?

Yo acuso a los creadores de este inmoral sistema, de haberlo puesto en práctica con el exclusivo propósito de eximir a los empresarios del pago de impuesto a la renta. Compare 1983 con 1984 y verá que la única diferencia fundamental entre ambos, es que los empresarios pagaban impuestos a la renta el 83 y dejaron de hacerlo el 84. No hay otra. Los hechos son tercos como las puertas de una bóveda. No se puede argumentar en su contra.

No necesito, creo, ahondar en cuánto influye este sistema en la brutal desigualdad que nos afecta. Con lo que ganan empresarios y empresas y con lo que pagan de impuestos, está más que claro.

El punto de que este sistema ha estado vigente durante 30 años, no es menor. En veinte de ellos, los dos tercios del período, la concertación estuvo en el gobierno. Y, pese a tener todos los datos a su disposición, nada hicieron para corregirlo. ¿Por qué? Yo acuso a los gobiernos de Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet, de no hacer nada para modificar un sistema de impuesto a la renta vergonzoso. Acuso también al Congreso en pleno, por parejo, de mantener cómplice silencio durante los últimos 23 años. ¿Por qué? Saquen ustedes sus propias conclusiones.

A Piñera no necesito acusarlo. Él es coherente con su forma de pensar. El neoliberalismo promueve la explotación del hombre por el hombre, y él es un neoliberal de tomo y lomo. Iría contra su naturaleza impulsar un cambio en un sistema que, además, lo favorece directamente (¿hay o no aquí conflictos de interés?).

Pero sí, y con esto termino, debo acusar delante de todos ustedes al equipo que elaboró el proyecto de reforma tributaria de Michelle Bachelet. Los cambios que ellos promueven, no afectan en nada la raíz del problema. La propuesta de la candidata persiste en el absurdo predicamento de los impuestos integrados. Además, ellos también faltan a la verdad cuando dicen que eliminarán el Fut, ya que en esa misma propuesta, este tan manoseado registro contable goza de excelente salud.

Reflexionen, ciudadanos chilenos. Ya son 30 años que nos pasan por el aro. ¿Cuántos más esperaremos antes de pararles el carro a los responsables de tamaña vergüenza?


Ustedes tienen la palabra.