miércoles, 11 de diciembre de 2013

Mi propuesta de reforma tributaria

Pasó el último debate, y nuevamente la desigualdad no fue tema. Los periodistas perdieron la oportunidad de interrogar a las candidatas acerca de su estrategia para enfrentar el que, sin duda, es el peor flagelo que afecta a nuestra sociedad. Ellas, por su parte, omitieron confrontarse al respecto, aunque tal vez allí era porque ambas no tenían mucho que decir.

La pregunta que cabe hacerse es ¿cómo no se dan cuenta, tanto los periodistas como las candidatas, que por mucho que el país progrese, tan enormes diferencias sociales ya no pueden tolerarse? ¿Cómo no entienden algo tan simple como que ése es el origen del descontento social y la causa de que Piñera, pese a su buena gestión, carezca de respaldo? Son, desde luego, los inconvenientes de vivir dentro de una burbuja: cuesta mucho entender qué ocurre afuera.

Tampoco la reforma tributaria ―su enfoque, sus características― tuvo relevancia. Con gran timidez, se tocó sólo tangencialmente. Nuevamente los periodistas dieron contundentes pruebas de su precario dominio del tema. ¿Y las candidatas? Muy bien, gracias; posiblemente, de nuevo, porque esta materia les es más bien ajena.

Sin embargo, aunque Evelyn Matthei y su equipo, equivocadamente, se nieguen a considerarlo, y aunque Michele Bachelet y el suyo insistan en un “mamotreto” inconsistente, reformar nuestro sistema tributario no sólo es necesario, sino que indispensable. Y además, digámoslo con todas sus letras, impostergable.

Las razones son demasiadas, pero pueden resumirse en dos: se deben respetar los principios que debe reunir un buen sistema tributario (el actual sistema no cumple prácticamente ninguno); y se deben recaudar recursos adicionales para enfrentar las urgentes reformas que deben efectuarse en las áreas de acción social del Estado (educación, salud, vivienda, previsión, seguridad y trabajo, por nombrar aquéllas donde la urgencia es mayor).

En dicho escenario, me permito presentar mi propuesta de reforma tributaria. Es bastante simple y consiste en lo siguiente:

Eliminar el sistema de “impuestos integrados”, de manera que empresas y personas tributen por separado (como se hace en todo el mundo, por lo demás);

Rebajar el impuesto de primera categoría a un 15%, pero establecerlo de beneficio fiscal;

Establecer el cálculo del global complementario en base a utilidades devengadas, manteniendo las tasas actuales y elevando el límite exento;

Eliminar la granjería del 57 bis;

Eliminar la depreciación acelerada pero reestudiar los plazos de vida útil de los activos, rebajando los que corresponda según los actuales requerimientos tecnológicos;

Suprimir inmediatamente la facultad que tienen socios de sociedades de personas (artículo 14 letra A, inciso 1° letra b), de efectuar retiros en exceso sobre el FUT, cuando alguno de los socios restantes tenga FUT positivo;

En todos aquellos casos que sea posible, eliminar la renta presunta;

Reestudiar todas las granjerías existentes y eliminar aquéllas que requieran de un excesivo control, que beneficien a los sectores de más altos ingresos, o que se hayan usado para algún tipo de elusión o evasión;

Endurecer las sanciones para la evasión, asignándoles penas privativas de libertad a todos quienes estén involucrados (dueños de empresas, representantes legales, contadores o auditores).

Esta propuesta cumple todos los principios de un buen sistema tributario de mejor forma que el sistema vigente. En efecto:

Cumple con el “principio del beneficio” (the benefits principle; para inquirir antecedentes a su respecto, por favor remítase a la literatura especializada de habla inglesa, ya que los expertos nacionales lo omiten olímpicamente en sus trabajos), según el cual todos, personas o instituciones, deben pagar impuestos en proporción a los servicios que reciben. De más está señalarle que el actual sistema lo viola impunemente.

Restablece los principios de equidad vertical y horizontal, que el sistema vigente también trasgrede sin contemplaciones. Con la propuesta, quienes reciben iguales ingresos están afectos a iguales tributos (equidad horizontal) y quienes ganan más, pagan más (equidad vertical). En este ámbito, se deben afinar los cálculos para las tasas marginales más altas, de manera de ajustarlas a una simple regla: si un segmento de los contribuyentes recibe un determinado porcentaje del Ingreso Nacional, los tributos que debe pagar deben representar a lo menos igual porcentaje de la recaudación tributaria total (por ejemplo, si el decil más acomodado recibe un 42,8% de los ingresos totales, como asegura el Banco Mundial, sus tributos deben representar como mínimo un 42,8% de la recaudación total de impuestos).

Observa a cabalidad el principio de simplicidad, que el sistema vigente incumple con saña y alevosía. ¿Tiene usted alguna duda que un sistema como el descrito sería mucho más sencillo de operar y controlar que el actual?

Y satisface el principio de transparencia. Todos los contribuyentes sabrán con exactitud qué tributos y qué tasas están pagando tanto ellos mismos como sus vecinos, ya que ello estará expuesto con claridad y las posibles vías de elusión se habrán restringido al máximo.

Aparte de lo señalado, y considerando la coyuntura actual, habría que implementar dos medidas adicionales:

Identificar a todos quienes han utilizado en los últimos diez años evidentes mecanismos de elusión y evasión, efectuarles una revisión minuciosa de sus contabilidades y aplicarles el máximo rigor de la ley frente a las faltas que se descubran; por ejemplo, si han declarado más FUT que el que realmente está disponible en el balance de la empresa (al restar a las cuentas patrimoniales los saldos negativos de las cuentas personales de los socios), eso podría considerarse adulteración de libros contables (uno podría irse en contra de los socios principales, ya que los retiros no pudieron haberse efectuado sin su autorización);

Considerar el actual FUT como tributación efectiva por las utilidades acumuladas que aún no han tributado, y hacer borrón y cuenta nueva, eliminando por completo y para siempre este nocivo registro.

¿Cuánto recauda una reforma como ésta? Bastante más que el sistema actual. Aunque la rebaja del impuesto de primera categoría, la elevación de los topes exentos y alguna medida adicional para favorecer a los pequeños empresarios (nótese: dije pequeños empresarios) representarían una menor recaudación del orden de unos USD 3 mil millones, ello se vería compensado con creces con el incremento de recaudación proveniente del nuevo global complementario, de la eliminación de la depreciación acelerada y del término de las franquicias indebidas: no menos de USD 10 a 12 mil millones. Y si eso lo complementamos con el reemplazo del irrisorio royalty minero por uno como corresponde, tendríamos el cuadro bastante más completo (nunca del todo, porque en nuestra maraña legislativa debe existir más de alguna vía adicional de elusión, que no está cubierta por ninguna de las medidas mencionadas).

Dejo esta propuesta a manera de ejemplo, para comprobar que existen sistemas tributarios mucho menos alambicados y más equitativos que el actual. Considerarlos, entonces, deja de ser una limitación práctica y pasa a ser exclusivamente un problema de intereses; de si es más importante el interés público, o predominan los de determinados grupos de la población; de si legislamos para el bien común o lo hacemos para quienes nos financian las campañas.

Doña Michelle tiene la palabra.