martes, 13 de agosto de 2013

Jauja... ¿un país desarrollado?

Permítanme presentarles a Jauja, un país de 17 millones de habitantes (contados mediante un censo bien efectuado, hay que decirlo) que colinda con Ningunaparte, Nosedonde y Aquinohaynada, y cuyo PIB pasó de US$ 360 mil millones en el 2011 a US$ 400 mil millones el 2012.

Ocurre que Jauja es una monarquía absoluta y su rey, Neoliberato I eI Grande, amo y señor indiscutido, recibe el 80% de dicho PIB (el PIB y el Ingreso Nacional coinciden, ya que Jauja no recibe inversión extranjera ni tiene intereses en el exterior). Hay un grupo de grandes señores de la nobleza que se reparten un 15%, 1 millón de funcionarios públicos que perciben un 4%, y poco menos de 16 millones que son esclavos y, entre alimentos y ropajes, reciben lo que sobra.

Durante el año, en un acto supremo de benevolencia y solidaridad, Neoliberato entregó a sus esclavos, en una emotiva ceremonia, la propiedad de los sucuchos donde, una vez cumplidas sus 18 horas de trabajo, ellos pernoctan hacinados. Quiso con eso, tal vez, compensar el hecho de que la población, producto del excesivo trabajo y las pésimas condiciones de vida, se haya mantenido estable entre un año y otro.

Las cifras macroeconómicas de Jauja son excelentes, un verdadero círculo virtuoso de su economía (¿dónde oí esa expresión antes?): pleno empleo, un 100% de familias propietarias de sus viviendas y una tasa de crecimiento del PIB de un 11,1%. Extraordinarias, sin duda. Y ¡oh sorpresa! un PIB per cápita de US$ 23.529, que lo transforma, según los criterios de nuestras actuales autoridades (y, al parecer, también del principal bloque opositor, no lo tengo del todo claro), en un país desarrollado.

Neoliberato y sus cercanos, orgullosos de tales guarismos, los destacan cada vez que pueden. No cualquiera alcanza el desarrollo. Para ellos, el modelo económico que ha permitido lograrlas es sagrado. Cuando algunas voces disidentes (moscas las llaman: nunca faltan, son terriblemente molestas y lo ensucian todo) se alzan para hablar de desigualdad, arremeten argumentando que ésta proviene de la naturaleza (alguno por ahí responsabiliza a Dios) y que, en consecuencia, no es solucionable con la intervención humana. Cuando las mencionadas voces critican el modelo, lo defienden recurriendo a las cifras macroeconómicas y a la cantidad de automóviles que circulan en las calles. Cuando se cuestiona la existencia de esclavos, arguyen que su liberación pondría en peligro todo lo obtenido, que sería un golpe mortal al crecimiento. Por lo demás, señalan con vehemencia, éstos no pueden estar disconformes con su situación. Después de todo, ella ha mejorado notablemente: ya no se les azota ni se dispone de sus mujeres cuando uno quiere. Incluso beben leche una vez a la semana.

Lo importante, claro, es mantener todo como está (no se modifica aquello que funciona bien). Sólo así Jauja seguirá creciendo y mejorando las condiciones de vida de sus habitantes.


De los que merecen ese nombre, por cierto. ¿Los esclavos? Ésa es harina de otro costal.