lunes, 24 de noviembre de 2014

Asesoría urgente se requiere. Tratar en La Moneda

Para contradecir a Evelyn Matthei, que arremetió el fin de semana corvo en ristre tocando a degüello, no le basta al Gobierno con hablar de amargura, rabia y rencor. Es muy posible que esos sentimientos tan negativos estén anclados en el corazón de la ex senadora como consecuencia de su fallida aventura presidencial, pero sus destinatarios principales no deberían ser los actuales ocupantes de La Moneda, sino más bien algunos de sus propios compañeros de coalición (como sabemos, recibió “fuego amigo” nutrido y a mansalva durante toda la campaña).

Tampoco le es suficiente con referirse al gigantesco tejado de vidrio de la opinante. Es cierto que ella representó a los sectores que implantaron el modelo económico causante de la bárbara desigualdad que nos aqueja. No lo es menos, que entre sus partidarios figuran quienes plantean que ésta última no es un problema y que nuestro actual sistema educacional es “la gallina de los huevos de oro”. Y es efectivo también que algunos de sus compañeros de coalición tuvieron una intensa participación en el reality “Cocinando con Zaldívar”, que se trasmitió por todos los canales no hace mucho. Sin embargo, traer a colación tales verdades no permite desvirtuar en su totalidad sus fuertes declaraciones.

Porque, reconozcámoslo, aunque no usó ni el tono ni en los énfasis adecuados y deslizó por ahí algunos más que cuestionables juicios de valor, algo de razón tiene doña Evelyn.

Veamos por qué.

Michelle Bachelet estuvo (y aún está) en lo correcto cuando planteó el qué. Nuestro sistema tributario era una vergüenza (durante los últimos 8 años, los empresarios no pagaron ni un peso de global complementario; muy por el contrario, recibieron jugosas devoluciones y efectuaron cuantiosos retiros no gravados); el educacional es uno de los peores del mundo en materia de segregación y resultados; nuestro sistema público está estructurado para que los políticos y sus cercanos hagan su agosto con él; el de salud es, simplemente, impresentable, al igual que el de vivienda, el laboral, el previsional y el de transporte; la justicia es pagada y, en consecuencia, funciona como un bien de consumo y no como derecho ciudadano. Y así sucesivamente.

No obstante, nuestra Presidenta se equivocó medio a medio cuando propuso el cómo. El proyecto de reforma tributaria, aderezado con las recetas de Zaldívar, no solucionó el principal defecto de su antecesor: el “sistema integrado de impuesto a la renta” (si usted escucha a algún experto tributario hablar de las bondades de dicho sistema, tenga por seguro que NO es un experto), aparte de mantener impresentables inequidades (la renta presunta, por ejemplo), eternizar el registro FUT (a pesar de que se proclamó a los cuatro vientos que se iba a eliminar) e incorporar inaceptables complejidades (cuatro sistemas de primera categoría paralelos y una maraña legislativa que se la encargo). El de reforma educacional revela, junto con un erróneo diagnóstico, un profundo desconocimiento acerca de la forma de enfrentar los procesos de cambio. El de reforma al binominal no tiene utilidad alguna para el país (de hecho, sólo favorece a los políticos). Como puede usted apreciar, el gobierno ha sido hasta la fecha 100% efectivo: todos los proyectos que ha presentado han recibido un cuestionamiento generalizado.

Hay margen de sobra, entonces, para la crítica. Tal vez no para la despiadada que efectúa Evelyn Matthei, pero sí para aquélla que pretende mejorar las actuales estructuras en procura de un Chile más equitativo. Convengamos en que, desde esa perspectiva, el desempeño del Gobierno hasta la fecha deja mucho que desear.

Lo lamentable es que hay demasiado por hacer. Son tantos los ámbitos en donde, si realmente se quisiera (y si realmente se supiera), se podrían obtener mejorías gigantescas con muy pocos recursos (seguridad, salud, vivienda, financiamiento y trabajo, entre otros), que resulta inentendible que no se actúe en tal sentido.

De manera que, con el debido respeto, uno tiene el legítimo derecho de cuestionar el desempeño del Gobierno. Algo no está funcionando como debiera en el Palacio de la Moneda. La actual administración no está haciendo bien su tarea. ¿Por qué? ¿Por falta de conocimiento? ¿Por mala elección de prioridades? ¿Por mala selección de ejecutantes? Es imprescindible saberlo, para poder efectuar las correcciones pertinentes antes de que sea demasiado tarde.

Mientras tanto, parece que lo apropiado es poner un aviso en algún medio de comunicación  masivo solicitando asesores. Cuando llega a suplir alguna falencia, una buena asesoría es bienvenida. En las condiciones actuales, sin embargo, resulta urgente e imprescindible.

Salvo que se pretenda darle la razón a doña Evelyn, por cierto.