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Piñera, el candidato impresentable

Creo que coincidirá usted conmigo, estimado lector, si afirmo que la corrupción, en todas sus formas — falta de probidad, conflictos de interés, tráfico de información privilegiada, caciquismo, nepotismo, amiguismo (o “javiblanquismo”, como se le llama ahora), colusiones, cohechos, impunidad, abusos de posición dominante y un larguísimo etcétera —, será uno de los temas centrales, por no decir el principal, de la campaña presidencial y parlamentaria que se avecina. No podría ser de otra manera dados los tiempos que corren, con una ciudadanía más despierta, mejor informada, más consciente de sus derechos y, por eso mismo, mucho más exigente. Desde dicha perspectiva, trasparentar las yayas, los pecados, los deslices, las omisiones en los que, en tan delicadas materias, han incurrido quienes pretenden participar en las próximas elecciones, resulta insoslayable. Es, más que una necesidad, una obligación ciudadana. Tenemos que conocer a fondo a los candidatos para, con todos los antec...

El goodwill tributario: cuando las instituciones NO funcionan

Usted ya ha escuchado ese dicho, con seguridad, muchas veces. Ricardo Lagos, por ejemplo, cada vez que se le da la ocasión lo repite como una monserga (hace unos días volvió a hacerlo, en el contexto del nuevo escándalo del Minsal): “hay que dejar que las instituciones funcionen”. Nunca ha explicado, eso sí, su real significado. Es posible, incluso, que ni siquiera esté consciente de él. Porque, ¿qué significa eso de “que las instituciones funcionen”? Podríamos sintetizarlo, según lo dispuesto en nuestra Constitución Política ―Capítulo I, Bases de la Institucionalidad, y Capítulo III, Derechos y deberes constitucionales―,  como sigue:         Que cumplan de manera efectiva y oportuna las funciones que la Constitución y las leyes les asignan (artículos 1°, 3°, 6° y 7°);         Que respeten a ultranza los derechos ciudadanos (artículos 5°, 19°, 20° y 21°);     Y que quienes las conforman se apeguen de manera irrestrict...

¿No + AFP? OK, pero, ¿cómo las reemplazamos?

Tal como expliqué, detalladamente, en mi anterior columna, el vigente sistema de pensiones (iba a decir “nuestro”, pero la dolorosa verdad es que no es nuestro sino de quienes se aprovechan de nosotros por su intermedio) es abominable. Es un sistema abusivo diseñado de manera expresa para que, gracias a las comisiones anticipadas, las AFP obtengan pingües ganancias a costa de sus afiliados. Además, fundamentalmente por esa misma razón, es caro, poco rentable e inequitativo. Agreguemos que es opaco y tenebroso (recuerde las “comisiones fantasmas”); que ha subsistido durante 35 años solo porque las AFP han ocultado, a punta de falsedades y medias verdades, sus verdaderos costos y rentabilidades; que su operación, tal como está estructurada, acrecienta la enorme desigualdad de nuestra sociedad; y que, como broche de oro, entrega pésimas pensiones. Ese es el cuadro completo. Es un sistema que le hace daño no solo a los afiliados, sino a todo el país. Una mugre de sistema. Que se haya ...