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¿Quiere opinar del cambio de fiscal? ¿Para qué? Su opinión, téngalo claro, vale callampa

Para que no se malentienda, partiré recordando que la expresión “vale callampa” ―tomada del diccionario personal de Ena Von Baer― proviene del ochentero flipper y se refiere a los bumpers, esa especie de hongos o callampas en los cuales rebotaba la bola sin dar puntaje.  ¿Los recuerda? “Valer callampa”, entonces (o valer hongo, que es lo mismo), significa sumar cero. Algo que “vale callampa” es algo que no representa aporte alguno; que, lisa y llanamente, no vale nada. Aclarado lo anterior, pasemos ahora al cambio de fiscales. Tal como el caso Penta (que ya lleva dos, pero que debe tener un buen número más), este caso también tiene varias aristas. Revisemos algunas de ellas. Andresito y sus tíos A fines de los ochenta y comienzos de los noventa, Andrés Montes era un estudiante universitario. En esa época, de seguro, participó en muchas de las reuniones sociales (asados, parrilladas, cócteles, comidas) que su padre, que ya era un político de fuste, sostuvo con sus camar...

El caso Penta y el Nueragate: la plena vigencia en Chile del derecho de pernada

Usada en sus comienzos para denominar al presunto derecho (o garantía, si lo prefiere usted), que se atribuían los señores medievales, de mantener relaciones sexuales con las doncellas de su feudo que contraían matrimonio (de manera previa al esposo, se entiende), la expresión ha derivado a designar cualquier uso abusivo del poder o la autoridad. En Chile, el derecho de pernada se practicó a toda orquesta durante los años de vigencia de nuestra criolla institución del inquilinaje, tanto en su restringida versión primitiva, como en la más amplia aceptada con posterioridad. Los privilegios patronales eran, qué duda cabe, considerables. Decir “se practicó”, sin embargo, es una grosera simplificación de la realidad. No es el tiempo pretérito el que debemos utilizar para referirnos a este tema. Porque la pura y santa verdad, la nuda veritas como decían los romanos, es que, como lo comprueban los escandalosos hechos que hemos venido conociendo durante los últimos años, tan “digna” i...

2014, el año en que no combatimos la desigualdad

El final del año, por eso de los ciclos y de la imperiosa necesidad que tenemos los humanos de disponer de oportunidades para volver a empezar, es época de revisiones, de análisis y evaluaciones. Siempre ha sido así y el 2014 no es la excepción. Lea, si no, la prensa de los últimos días. Con las mencionadas herramientas (eso son las revisiones, análisis y evaluaciones: herramientas de diagnóstico) pretendemos, al menos en el papel, reconocer nuestras omisiones, nuestras acciones inconducentes y nuestros errores, con el sano propósito de corregirlos. ¿Para qué? Pues, para mejorar nuestros futuros desempeños o, lo que viene a ser más o menos lo mismo, para acercarnos a nuestros objetivos y, en lo posible, alcanzarlos. Dicho método funciona para cualquier tema (educación, salud, negocios, su propia vida personal; en fin, el que usted quiera) y, en particular, para la desigualdad. Por cierto, siendo ésta una materia tan relevante, no puede quedar excluida de ese sano ejercicio...

Acerca de la equidad, la libertad, el progreso y los equilibrios

Los equilibrios son importantes, qué duda cabe. Algunos son, de hecho, indispensables, como por ejemplo el que debe existir entre la vida familiar y la actividad laboral. Resulta evidente que si privilegiamos en exceso a una de ellas, necesariamente la otra se resiente. Equilibrar tiene que ver, entonces, con asignar las dosis adecuadas a factores de alguna manera antagónicos, competitivos, cuya optimización particular requerirá, de manera obligatoria, de un desmedro de los restantes. ¿Están la equidad, la libertad y el progreso en semejante disyuntiva? Si se desea mejorar alguno de ellos, ¿inevitablemente debe hacerse a costa de los otros dos? No. De ninguna manera. Por el contrario, en una sociedad democrática (como pretende ser la nuestra) es indispensable perseguir la optimización de cada uno de ellos. ¿Por qué? Pues, porque son complementarios, están indisolublemente ligados, ya que los tres son prerrequisitos imprescindibles para lograr el objetivo final de toda ...