El país de los huevones, segunda parte
No hay primera sin segunda, dicen los habitantes de ese vapuleado país, y tienen razón. Describir su forma de vida y su comportamiento da para muchas entregas; para una saga completa, en verdad. En mi anterior columna dije que este asunto calificaba para libro, y no estaba exagerando. Ocurre que en un país estructurado por los huevoneses avispados para servirse de él, a costa de los sufridos y resignados huevoneses pasmados, no puede ser de otra manera. Las barbaridades y las bellaquerías emergen por donde uno mire, como los hongos en el bosque después de un día lluvioso. De manera que lo invito a seguir revisando el listado. Hablemos, por ejemplo, de los abusos. Por estos días, como noticia destacada en algunos medios huevoneses (los organismos oficiales de distribución del pensamiento heuvonés avispado tendieron a darle poca relevancia o, en algunos casos, a omitirla), se menciona el caso del grupo “Apesta”. La noticia es que los dueños de este conglomerado, varias de c...